El valor del tiempo

El valor del tiempo

Dicen que aquí muchos años el más valioso no serán el dinero sino el tiempo. Creo que esto ya lo podríamos extrapolar el día de hoy. Sí, ya lo sé, el dinero son necesarios, por desgracia la sociedad no está preparada para prescindir de ellos. Pero cuando nos transformamos con padres y madres, el tiempo se vuelve un bien muy preciado.

Leí, hace ya un tiempo, un post de Cristina Camarera sobre el valor del tiempo. Explicaba que nunca tenemos tiempo para nada simplemente por qué queremos ocupar todo nuestro tiempo con actividades diversas hasta el punto de que para quedarse con las amistades lo tenemos que planear incluso con meses de anterioridad.

Y sí, es así. Para ver aquella persona que hace meses que no vemos lo tenemos que planificar para cuadrar nuestras agendas. Eso sí, sabemos de su vida a través del whatsapp, facebook y otras redes sociales. Cabe destacar que los emoticonos más equivaldrán a una auténtica abrazo. Hemos llegado al punto que no sabemos hacer conscientes actos tantos simples, espontáneos y naturales como el hecho de respirar, escuchar, oler, saborear, tocar, abrazar. Detengámonos, no nos llenen las agendas de mil actividades, responsabilidades innecesarias o actos sociales que no nos gusten el suficiente y dedicamos el tiempo a nosotros mismos y a las personas que realmente nos importan.

Hay que hacer una reflexión muy profunda de lo que esperamos de nosotros y de los demás y si este estilo de vida es lo que más nos beneficia.

Y todo esto que tiene que ver con las madres y los padres si toda la sociedad, con hijo @ s o sin, está en la misma situación? La diferencia es simple: cuando tienes hijo @ s pequeños es muy difícil encontrar el tiempo para respirar y ser consciente.

Después de nacer el bebé y durante un cierto tiempo en el que se debe cuidar la díada madre-bebé, el tiempo es un hecho relativo. La madre se ocupa constantemente de su criatura, la alimenta, la cuida y la saborea constantemente. Tiene todo el tiempo del mundo y no tiene nada por ella. Todo depende de cómo se plantee la relación con su hijo-a, si es capaz de organizarse, descansar cuando es necesario y si ha escuchado su propio cuerpo y su corazón respecto a su maternidad. Y eso no siempre es fácil, sobre todo cuando tenemos el primer hijo-a. El padre o la pareja se encuentra en una situación, que aunque no es la misma, también sacude al tiempo que se dedicaba a él-a misma. Normalmente tiene su horario laboral y cuando vuelve a casa debe acompañar este día tan especial, entender el papel que tiene dentro de la nueva familia y sostener cuando hay a la madre. Mucho tiempo no queda.

Las hijas y los hijos crecen, empiezan a cumplir años y pensamos que tendremos más tiempo para nosotros. Y de golpe, otra vez nos damos cuenta que no es así. Sí, crecen, ya no los llevamos a cuestas tanto habitualmente o simplemente ya no los llevamos, pero nos necesitan constantemente. No son todo el independientes que querrían muchos padres que fueran, y no lo son por qué no lo serán. ¿Por qué su cerebro aún no les permite serlo y necesitan nuestra presencia para sentirse seguras y seguros.

Pero vuelve a surgir el mismo dilema que cuando eran unos bebés, como lo hago para hacerlo todo ?. La respuesta podría ser muy sencilla, ¿por qué lo tenemos que hacer todo, es necesario hacerlo todo? Hay que simplificar la vida, disfrutarla, probarla y olerla bien profundamente. Tenemos que aprender a dejar de lado lo que no nos llena realmente, priorizar las cosas (y las personas!) Y no querer convertirse con lo que la sociedad hasta ahora exigía, principalmente a las mujeres, que es lo que nos convertiguem con superwomen!

Yo no lo quiero ser, me neg a serlo! No quiero ser una superwoman, no quiero sentir que tengo que ser la mejor persona del mundo, la mejor madre del mundo ni la mejor trabajadora del mundo. Quiero ser sólo yo y disfrutar de serlo. ¿Por qué me he de estresarse para hacerlo todo y dejar de acompañar la vida de mis hijas? He aprendido a priorizar. He aprendido que no pasa nada por que mi casa no parezca el lugar más limpio del mundo, que no pasa nada si un día tengo mi trabajo un poco atrasada por qué he decidido que la quiero hacer más tranquila, no pasa nada si no voy a aquella cena de antiguas alumnos que no me llena demasiado, no pasa nada si no contest los WhatsApp por qué tengo otras cosas más importantes que hacer como jugar, reír, bailar o simplemente leer un rato tranquila y sola , no pasa nada si no contest en el teléfono ahora, ya volverán a llamar si es importante o no pasa nada si decido hablar con aquella amiga con la que hace tanto tiempo que tengo que ver y dejo de ir a una reunión o charla que no me aportará tanto. Bueno, de hecho sí ocurre. Pasa que prefiero, que disfruto más del día a día, que me acuerdo cuando jugaba de pequeña haciéndolo otra vez ahora con mis hijas, que noto que mis risas son más intensas y que me curan mil enfermedades. He ganado salud, he ganado calidad de vida. Y he ganado tiempo para yo.

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